
Somos una empresa familiar dedicada a la producción de prendas tejidas con hilados y fibras de alpaca, ubicada en la ciudad de Puno. Alpacha nace de una extensa tradición andina transmitida de generación en generación desde 1966.
Todo comenzó con la madre de Félix Huaracha, hoy cofundador de Alpacha, quien elaboraba sus prendas a mano utilizando tejedores manuales y las vendía en las calles comerciales de Juliaca. Gracias a su talento, esfuerzo y dedicación, sentó las bases de un oficio que Félix decidió continuar y perfeccionar.
Hoy, Alpacha cuenta con dos tiendas en Puno y continúa promoviendo el arte textil local mediante creaciones auténticas y cuidadosamente elaboradas. Producimos chompas de alpaca incluyendo Baby Alpaca, 100 % alpaca y mezclas con flor de algodón, además de casacas, ponchos, guantes, gorros, bufandas, chales, ruanas y muchas otras prendas hechas tanto a mano como a máquina. Cada pieza refleja la riqueza cultural de los Andes y nuestro compromiso con la preservación de un trabajo artesanal de alta calidad.
Tres fibras vivas que dialogan en el telar: la nobleza de la alpaca, la finura del Baby Alpaca y la frescura de la flor de algodón. Cada prenda nace de su equilibrio.

Camélido originario de los Andes peruanos, la alpaca posee una de las fibras naturales más valoradas del mundo textil. Destaca por su amplia gama de colores naturales, que va del blanco al negro, incluyendo tonos grises y castaños. Su calidez, ligereza y suavidad han sido fundamentales en el desarrollo del arte textil andino desde tiempos ancestrales.

La Baby Alpaca corresponde a la primera esquila de la alpaca y se caracteriza por una fibra excepcionalmente fina, suave y delicada al tacto. Reconocida por su ligereza y alto nivel de confort térmico, esta fibra ofrece una sensación de lujo natural sin causar picazón. Ideal para la confección de prendas exclusivas combinando elegancia, calidez y suavidad.

La flor de algodón es una fibra natural de origen vegetal, apreciada por su suavidad, frescura y resistencia. Su estructura permite una excelente transpirabilidad, lo que la convierte en una opción ideal para complementar fibras más cálidas como la alpaca. Aporta ligereza y equilibrio a las prendas, ofreciendo comodidad para el uso diario.

«Aprendí el arte del tejido a los ocho años, guiado por mi madre. Hoy veo a mi familia entera continuar el oficio — ese es el tejido más largo de mi vida.»
Aprendió el arte del tejido a los 8 años, guiado por su madre, quien le transmitió los conocimientos fundamentales del trabajo artesanal. Con el tiempo, un comerciante de Cusco le enseñó a confeccionar chompas con máquinas manuales, marcando el inicio de su camino en la producción textil.
A lo largo de su vida, el tejido se convirtió no solo en una pasión, sino en una actividad rentable y sostenible. Su mayor desafío fue modernizar los procesos mediante el uso de máquinas sin perder la calidad artesanal. Hoy siente una profunda satisfacción al ver que toda su familia continúa esta tradición, con el sueño de que sus prendas sean reconocidas en mercados locales e internacionales.
El oficio se aprende con las manos. Cada prenda lleva el tiempo necesario, ni un día menos.
Con la fibra, con quien la cría, con quien la teje. El precio que ves se reparte, transparente, hasta el telar.
Modernizar el proceso sin perder el gesto. Máquina cuando ayuda, mano cuando cuenta — siempre.

«Félix pone el arte; yo, el camino hasta el cliente. Empecé negociando en la frontera y hoy nuestras prendas llegan hasta Japón y Australia — esa es mi venta más grande.»
Paula Mamani es quechua de la provincia de San Román, en Juliaca, y desde siempre se dedicó a emprender y a la venta de tejidos. Hace cerca de cincuenta años se unió al negocio junto a Félix: él dominaba el arte de la producción y ella tenía un talento natural para vender. Así repartieron el oficio — Félix produce, Paula comercializa — y construyeron juntos lo que hoy es Alpacha.
Sus primeras ventas nacieron viajando: hasta la frontera de Tacna con Chile, negociando con comerciantes que ya valoraban los tejidos de alpaca, y en las ferias de Lima, adonde iban los dos en busca de nuevos clientes. Sus mejores acabados y precios más justos hicieron el resto. Aún recuerda una feria dominical en Huancayo donde, en un solo día y sin conocer la ciudad, vendió cerca de mil prendas.
Su mayor desafío ha sido sostener el financiamiento para seguir invirtiendo y creciendo. Superó obstáculos como la pandemia y hoy dirige su propia tienda en Puno —pronto también en internet—, con clientes regulares en Japón y Australia y el sueño de llevar cada prenda a los mercados internacionales.